
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Infancia, Asha-Kiran lanza una campaña de sensibilización sobre la importancia de garantizar el respeto de los derechos de niñas y niños, sea cual sea su entorno económico y social. La infancia necesita crecer, jugar, gozar de salud y tener acceso a la educación, en un entorno de protección y afecto que les permita desarrollarse de forma integral, y convertirse en adultos dignos y libres.
Hemos recibido multitud de textos para el concurso ESCRÍBELES UN CUENTO DISTINTO. Ha sido realmente difícil quedarnos con un sólo relato.
GRACIAS A TODOS por participar y por contribuir con vuestro granito de arena a la transformación de las conciencias, a ser parte del cambio que queremos ver en el mundo.
Ganadora del concurso: María Gil Hernández. Gracias y enhorabuena!
Así comenzaba nuestro cuento… ya podéis leer el final.
Allá en el norte de la India, donde las montañas son tan elevadas que acarician las nubes con sus picos nevados, en un pueblecito perdido del valle, vivía una mujer muy anciana. Ni siquiera ella misma recordaba su edad pero mantenía el pensamiento claro como un diamante, el corazón compasivo y el cuerpo ágil como una lagartija. Un amanecer, cuando el sol apenas se atrevía a asomar, recibió la sorprendente visita de una niña de ojos grandes como lunas...
Tenía la mirada perdida y el semblante de una mujer madura que hubiera vivido muchos más de sus apenas 12 años. Le fallan las fuerzas y casi no puede sostenerse sobre sus piececitos rasgados por el largo camino emprendido.
La pequeña comenzó a hablar. -Me llamo Amal y provengo de una pequeña tribu rajastana de la casta de los sudras, descendiente de los pies de Brahma. Allí, en la feria de Pushkar entre el humo de las hogueras y como testigo el desierto de Tahr, fui casada con un hombre anciano que jamás había visto y separada para siempre de mi familia. Al caer la helada noche aprovechando las sombras conseguí huir hacia un destino incierto, sabiendo que nunca podría volver a allá de donde procedo-.
La anciana la miró con ojos tiernos y le dio agua y cobijo. -En este lugar no hay espacio para la tristeza, el odio o la represión. Aquí los niños juegan, ríen y se comportan como niños que son. Entre estas montañas hallarás tu hogar porque tú también eres parte de nosotros-.
La niña tomó de la mano a la anciana y ambas caminaron hacia un horizonte nuevo pleno de esperanza y de paz.
FIN
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